Sr. Pera martes, 26 de abril de 2011

Estando estos días con pruebas y demás trasiegos motorizados, me ha dado mucho que pensar por qué hay curvas que tomamos más rápido que otras, y es que todos tenemos curvas que nos gustan más o menos, y que nos animan. Por eso todos tenemos una curva perfecta, una curva especial que conocemos como la palma de nuestra mano, y que nos hace sentir como Ari Vatanen subiendo Pikes Peak.



Siempre he sentido una sensación especial sobre este tema, y he querido escribir sobre ello, pero por algún motivo nunca lo he hecho. Tu curva perfecta se esconde en un camino que conoces de sobra. Volviendo a casa tras el trabajo, yendo a casa de un amigo, o camino de tal sitio donde sueles ocasionalmente. No tiene nada de especial a simple vista, pero un día la pasaste a cierta velocidad y te hizo sentir un cosquilleo en las piernas.

Es la curva donde puedes probar cualquier coche. Porque si con el tuyo lo haces de forma impecable, la manera en que otro coche se comporte te dirá si es mejor o peor para ti. Es tu referencia, un "yo llego hasta aquí con mi coche", y que provoca un "vamos a ver hasta dónde llego con este otro coche". A veces el resultado es de satisfacción absoluta y otras de decepción.

(A mí me gustan con desnivel...)

Cuando te aproximas a ella te entra un hormigueo en el estómago, te enderezas en el asiento, pones las dos manos en el volante, metes la marcha buena, y compruebas que hay pista libre. Y entonces tus ojos sólo ven la curva llegar, dibujas la trazada por la que quieres ir, y miras por dónde quieres salir. Y el resto pasa sólo, el coche realiza el paso como por arte de magia, vives un instante único que se pierde en un suspiro. Se podría decir que es algo tan efímero que sólo vives la preparación de antes y el recuerdo de después. Requiere dar la vuelta, y volver a pasar para poder centrarse y vivir el momento in situ, y aún así sigue pareciendo corto. Apenas recuerdas la inercia en tu cuerpo, el sonido de la derrapada y el motor a fondo saliendo de la curva, pero nada más.


Es nuestro pequeño momento de gloria, en el que te sientes como Rhys Millen en la cumbre de Pikes Peak. Te sientes absolutamente invencible en ese pequeño trazado de apenas 15 metros. Tienes derecho a que pongan público, vaya la televisión y todos te vean pasando por esa curva besando la perfección. Ningún otro sitio te hace sentir igual.

Para unos será una curva rápida y amplia, para otros una estrecha horquilla de meter primera y salir como un rayo, y para otros pocos será enlazar dos ó tres curvas intermedias en tercera a fondo. Y seguramente, si te encuentras con una curva parecida, no se te dé igual de bien, porque no es la misma, el entorno cambia, la escapatoria cambia, el desnivel cambia, y el tipo de asfalto cambia. Sólo tu curva perfecta puede ser tu curva perfecta.

0 comentarios:

Publicar un comentario

¿Alguna objeción, súplica o ruego?