Sr. Pera viernes, 17 de diciembre de 2010

Ha sido larga la espera, y es que a la redacción de FuelWasters nos ha surgido una serie de problemas de todo tipo, que nos han impedido publicar durante un tiempo, pero aquí estamos para volver a dar guerra como antes.
Para volver a la carga, queríamos publicar la prueba de uno de los coches más guerreros que hemos tenido en el parque móvil de FW: El Peugeot 106 Rallye 1.6 que tantas alegrías nos ha dado y tantos disgustos ha provocado en las ilusiones de quien se ha puesto en su camino.



No hemos podido hacer una sesión de fotos digna, por diversos motivos. El principal, es que el coche actualmente está siendo desmontado, para ser convertido en algo nuevo, mejorado y embrutecido. Al final del artículo os daremos detalles... El caso es que hemos tenido que usar las fotos que tenemos del coche justo antes de entrar en taller, y alguna de archivo, por lo que intentaremos suplir la falta de imágenes con mil palabras que os detallen bien el comportamiento de este juguete de mayores.

Uno se acerca al coche y sonríe. No puede evitarse, es una provocación visto por cada ángulo: color blanco racing obligatorio, con llantas de chapa blancas, ensanches en las aletas, carrocería deportiva, y un tamaño de coche de juguete. La unidad que hemos disfrutado estos años estaba preparada para correr rallyes en grupo N, así que tras retorcernos por entrar en el baquet de carreras, y tras salvar la jaula antivuelco integral, nos embutimos cabiendo bien justitos, sin poder movernos del asiento un milímetro. Ahora nos abrochamos los arneses, y terminamos de inmovilizarnos. Así sí da seguridad conducir un coche a fondo, y disfrutarlo. La posición de conducción lógicamente es perfecta, pero nos encontramos con que los pedales del coche están visiblemente desplazados al lado derecho, por lo que tendremos que acostumbrarnos unos metros...


Giramos la llave y la cosa se pone seria. Un rugido y el zumbido del escape OMP nos anuncia que no va a ser sencillo. El motor de este coche es único en su especie: Parte de la base archiconocida del grupo PSA, usado en el 205 Rallye, AX, Saxo VTS, y tantos otros, pero para esta ocasión combina la culata monoárbol 8v con la inyección electrónica, el bloque 1.6, y una puesta a punto específica para situar el coche en 103cv de serie. La cifra no impone, pero los escasos 800 Kg de peso del conjunto, dan un poco de miedo...

La dirección es directa, dura, pesada, y es que este coche sólo sirve para correr. No tiene nada, ni ABS, ni dirección asistida, ni aislantes, ni elevalunas, ni radio, ni A/A, ni cualquier cosa que no sea de extrema deportividad. Empezamos a andar, y la dirección se suelta, el coche se guía de manera espléndida, con la agilidad propia de un coche ultraligero, con suspensiones de carreras y jaula antivuelco. La rigidez es total, cada colilla del camino que pisamos se marca en nuestras manos al volante. Esto ya va cogiendo temperatura.


El coche sube de vueltas como un cohete emitiendo un rugido 100% de rallyes. Y no es sólo sensación de velocidad, es velocidad real, es ver cómo la aguja del velocímetro escala sin parar, cómo los demás coches se quedan atrás fácilmente, y todo empieza a pasar muy deprisa. Y vienen las curvas. Y cuando vienen te pones nervioso, como ese momento que has esperado mucho tiempo y en el que te juegas bastantes cosas. Lo cierto es que el coche de primeras no transmite mucha confianza, porque responde con nerviosismo siempre. La frenada es correcta, nos metemos en la curva a una velocidad prudencial, y todo va como la seda. Trazamos por donde nos proponemos, y salimos con abundante tracción a una velocidad endiablada. Siguiente viraje. Frenamos más tarde, correcto, metemos volante, y ¡ojo que esto se mueve! efectivamente es nervioso, el coche entra bien, pasa bien y sale bien, pero ya no sonreímos tanto como antes. Es normal, el coche es muy muy radical, y las velocidades a las que negociamos las trazadas no son normales. Parece que el coche se muestra inestable pero es porque en realidad vamos por giros difíciles a velocidades salvajes sin darnos cuenta. Tal vez el problema sea la imprevisibilidad de sus reacciones.

Y finalmente pasa lo que tenía que pasar. Un meneo del coche entero y en un suspiro (literal) estamos mirando hacia donde veníamos. El coche no permite correcciones, porque cuando se cruza lo hace con tanta violencia que ya es tarde. Lo cierto es que el setup del coche es bastante más de circuitos que de tramos, el pequeño 106 ha estado corriendo tandas en diversos circuitos por España y como sabéis, en circuito se suele ir más a trazar que a deslizar y cruzar el coche. Nos damos la vuelta y seguimos disfrutando del camino sin más sobresaltos, porque lo cierto es que pasados los primeros sustos, se coge fácilmente el ritmo del coche, siempre que lo tratemos con respeto y sepamos dónde está el límite (y lo que hay detrás de él).

El coche como experiencia es divertido en todos los sentidos. Parece un imán para los incautos con pretendidos deportivos que nos quieren sacar los colores, cuando en realidad todos (sin excepción) se van a casa amargados por la paliza. El coche corre, corre muchísimo, y se nota. Si lo observas en parado y sacas el metro, aprecias otra de sus bondades: Es pequeño pero no tanto, en realidad las ruedas van en las esquinas del chasis, y su batalla no es tan corta como parece. Tras las emociones vividas, no podemos imaginar el coche con una batalla más corta y unas reacciones aún más violentas...


¿Resumen? Es un juguete para correr, pero sólo los pilotos con mejores manos podrán sacarle todo su jugo y disfrutar realmente de su potencial. Al contrario que vimos en el Clio RS, donde era realmente fácil rodar a ritmo de carreras, en el Peugeot 106 todo es más puro, más directo, y más de carreras. El premio a los más aguerridos será una aventura diaria, una maniobra épica o un tiempo record en las tandas de turno. Pero que nadie se engañe, el coche no sirve para nada más, es incómodo, pequeño, duro, no tiene equipamiento y hace ruido. Por eso nos encanta.