Sr. Pera lunes, 10 de agosto de 2009

Hace poco nos sorprendió la noticia de que Lotus había mejorado resultados y anunciaba un ambicioso proyecto de expansión, y apenas días antes Caterheam anunciaba un cambio en el mercado de deportivos prestacionales, desplazándose buena parte de los clientes de marcas premium hacia el sector de los coches artesanales low-cost, más exclusivos y rápidos pero tambien más baratos. Si bien nos parecía una estrategia de márketing del pequeño fabricante inglés de la que ya hemos hablado antes, parece haber funcionado a la vista de las cifras...


Hace pocos días Caterham anuncia que sus ventas han crecido por encima de las expectativas marcadas, y que van a aumentar su producción anual considerablemente (contratando para ello a decenas de trabajdores nuevos para reforzar su plantilla, pues recordemos que los coches los montan artesanalmente).

La noticia no hace sino confirmar que su anterior comunicado sobre el cambio en el mercado era cierto. Que efectivamente la crisis está haciendo que mucha gente se plantee las referencias establecidas sobre coches exclusivos, y que nos dejemos de prejuicios a la hora de valorar la relación precio/exclusividad o precio/prestaciones.

Aun así no deja de ser curioso, y es que un coche que es el anti-utilitario por su total falta de practicidad (ya lo dijimos, no tiene techo, no tiene puertas, no tiene radio, no tiene ningun elemento de confort y sólo sirve para disfrutar), y un componente de capricho del 200%, que es llamativo... Pero sus cualidades en cambio son indiscutibles, pues no rivaliza practicamente con nadie en cuanto a prestaciones o aceleración (solo con coches practicamente imposibles como Pagani Zonda F, Ariel Atom o Ultima GTR), la diversión al volante es inigualable (¿te imaginas conducir un kart homologado para la calle?), y su exclusividad absoluta pasa por elegir la longitud del chasis, el ancho de vías, los colores, el interior, el equipo de frenos, insignias y motorización. Todo ello con un coste de adquisición relativamente bajo (en torno a los 35.000 €) y con un coste de mantenimiento como el de cualquier coche compacto.

Parece que las cosas se ponen serias, al menos en nuestros países vecinos de Europa, y esperemos que la moda se contagie y llegue a España para poner las cosas difíciles a tanto deportivo caro que no resulta ni tan prestacional ni tan efectivo/divertido como promete su renombre.

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