Sr. Pera domingo, 18 de abril de 2010

Este fin de semana, El Sr. Coco y el Sr. Pera hemos tanteado un mundo de restauraciones que puede dar bastante juego a esta edición.


Una nave con una pequeña colección, en la que hay un poco de todo, desde coches en perfecto orden de marcha, hasta verdaderos chasis desnudos donde hay que armarse de valor para poder empezar la faena. En una esquina, una montaña de piezas y motores espera a ser clasificada e identificada.

Es una buena oportunidad para empezar en el complicado y sufrido mundo de las restauraciones de clásicos, y a medida que vayan pasando cosas interesantes, iremos actualizando en este blog. Si os soy sincero, algunos modelos son tan tentadores, que no puedo esperar que estén listos para poder hacer la prueba y la sesión de fotos de FuelWasters. Pero toca aguantarse, y esperar a que poco a poco los acontecimientos vayan despejando la nave.

(que levante la mano el que no haya tenido pesadillas con estas dos animaladas...)

Como aperitivo, este sábado pudimos adecentar y arrancar un Seat 1430 FU "especial". Tras breves intentos, su motor 1.8 cobró vida y empezó a rugir con un sonido bronco, como de V8 antiguo, mientras el gorgoteo de la carburación nos lleva a otra época. Para adecentarlo decidimos animarnos a entrar, y llevarlo hasta la gasolinera más cercana para ponerle algo de gasolina, inflar las ruedas y limpiarlo un poco con la manguera.

Ha sido un viaje de 1 kilómetro, pero de los más intensos que hemos recordado jamás. Los cinturones (¿de seguridad?) abrochados, la tapicería mullida nos abraza, y al ralentí todo el coche parece dar saltitos de un lado a otro. Movemos la palanca más imprecisa probada hasta la fecha, y con un empuje brusco pero inconfundible comenzamos la marcha. Es un coche para llevar con enorme fe, pues tanto los frenos, como las marchas y la dirección, parecen reaccionar al margen de nuestras órdenes, unas veces por exceso y otras por defecto. La gente nos mira al entrar en la gasolinera montados en un estruendo con ruedas.


Allí la sensación de incomprensión y complicidad es total. Un par de profanos en sendos Hondas "deportivos" nos miran con una mezcla de desprecio e ignorancia, y algún que otro señor de edad nos sonríe con complicidad. Mientras el Sr. Coco se afana en lavar el coche con la manguera, todas esas caras y reacciones pasan por encima de la inmortal chapa del 1430 como la espuma del lavadero. No calan en él, sigue como una roca, esperando a que le hagamos una puesta a punto completa, mano de pintura, y ligera preparación, para volver a sembrar el pánico en nuestras carreteras como lo hiciera hace 40 años en manos de delincuentes juveniles de la periferia.

Vuelve a la nave, su ronco rugido se apaga con algunos "brums" y "pops" retardados, desconectamos la batería, y queda a la espera de una profunda revisión. Nuestro entusiasmo no tiene fin. En menos de 2 Km de viaje hemos vivido inercias, vibraciones, rugidos, sustos, risas, e incluso alguna diminuta cruzada.

Creo que estamos al comienzo de una serie de proyectos en los que la sangre, el sudor, las lágrimas y las manchas de grasa van a ser la tónica habitual muchos meses, pero la recompensa de ver cómo estas celebridades van arrancando y moviéndose, será la mejor recompensa. Y vosotros seréis testigos de tal hazaña.